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JEFE DE MANADA

Lo que uno escucha cada fin de semana esto escuchaba cuando era jefe de manada: Buenas tardes, ¿es usted el encargado de los niños?, ¿puedo hablarle un minuto? Fíjese que mi hijo no fue a la escuela en toda la semana porque el sábado pasado se mojó y al día siguiente amaneció con calentura. ¿Pues acaso no se preocupan por su salud? ¿Qué no saben que trabajan con niños y éstos se enferman? Es increíble tanta irresponsabilidad. Todavía al terminar su junta los dejan que jueguen en los charcos y ahí andan con los pies mojados y el uniforme hecho un asco, como si salieran tan baratos para tener varios de repuesto. ¿Cómo que él no haría eso si nosotros pasáramos a recogerlo a tiempo? Y qué quiere que hagamos si luego los sábados es el único día de la semana que puedo salir con mi marido sin la preocupación del niño. Me invita a comer fuera ya que toda la semana no puede ir a hacerlo a la casa por el trabajo y el domingo todos vamos con mi mamá; por eso es que el niño no puede asistir a sus excursiones y campamentos, y mire que me hace unos berrinches para que le dé permiso, pero cómo cree usted que va a dejar de visitar a su abuelita. ¿Que no fuera a verla alguna vez? Imposible. Mi mamá ya está muy grande y enferma, ¿sabe? Y luego se siente que no vayamos a visitarla, ¡imagínese si yo llegara sin su nieto! Ustedes no quieren entender los compromisos familiares; qué más quisiera yo que toda la semana el niño estuviera con sus scouts, pero no es posible. Luego me empieza a andar mal en la escuela, me baja las calificaciones y yo tengo que castigarlo con lo que más le duele, que son sus juntas los sábados, aunque luego el niño vaya con usted de chismoso de que es por mi culpa que él no se haya ganado su pañoleta y nombre de selva. Trata de chantajearme con eso: ya ves, mamá, me dice, David entró después que yo y ya le dieron su pañoleta y ahora es Kotieque... Corieque... Quién sabe los nombres que ustedes les ponen, y me sigue diciendo: mi Akela ya me prometió de que si me apuro y voy a un campamento me va a dar mi pañoleta, junto con las esas borlas amarillas que se ponen en las calcetas y su nombre de selva, que va a ser Onai, me dice. Pero cómo lo voy a andar dejando ir a un campamento si nunca ha estado fuera de la casa sin nosotros; luego su padre dice, con justa razón, que tendría que comprarle todo el equipo de acampado: la mochila, cantimplora, el plástico que emplean para taparse del agua. No, se ve que usted no tiene una familia a la cual mantener. Comprarle todo eso para que luego se aburra y nos lo deje. Ya nos lo hizo una vez con el fútbol americano: primero estuvo muele y muele con que ándale mamá, llévame al fútbol americano, por favor. Ahí vamos, lo metemos, pagamos la inscripción, lo obligan a uno a comprarle todo el equipo y al mes nos dice que siempre ya no, que no le gusta, lo molestan los otros niños. Todo el equipo ahora ahí está arrumbado en el closet. La situación no está para hacer eso a cada rato; ya ve como son los niños, se emocionan con lo primero que ven y al ratito ya se aburrieron y andan molestando con otra cosa. Lo que pasa es que ustedes sus dirigentes tendrían que ser padres para comprender todos nuestros problemas

 

 

 

 

 

 

JEFE DE TROPA

Y en la tropa escuche mas o menos esto: Mire, no tiene idea de cómo se opuso mi hijo a que viniera a verlo, dice que toda la tropa se va a burlar de él porque vino la mamá de un Guía de Patrulla a hablar con su jefe. Pero no me importa, considero una obligación de los dirigentes aclararles a los padres de familia las cosas que hacen con los muchachos. Yo sé que a esa edad todos ya quieren sentirse grandes e independientes y que una ya no se preocupe por ellos, ¡pero cómo no voy a preocuparme al verlo cómo llegó a la casa el sábado pasado! Espantadísima le pregunto qué le pasó; no sé si porque sus compañeros le fueran a decir que no es muy hombre hizo que me contestara un “Nada, mamá”. ¡Hágame favor, cómo va ser nada esa bolota en el párpado que ni siquiera se le veía el ojo! Nos fuimos de volada al doctor. Ya de regreso me vino platicando cómo le dieron el golpe en quién sabe qué clase de juego que hacen ustedes, donde dos personas se ponen a pelearse con un bordón, ¿pues acaso les enseñan a ser unos salvajes o qué? No es que una como madre los quiera tener siempre dentro de una caja de cristal. Yo siempre lo he dicho: prefiero mil veces que mi hijo ande con los scouts que con la palomilla de vagos que se juntan en la esquina de la casa, pero luego también la tienen a una con el alma en un hilo con estas cosas. El joven tiene muchas energías e inquietudes y siempre anda buscando la forma de sacarlas, qué mejor que lo haga con ustedes. Siempre los he apoyado, si hasta en el cuarto de servicio que tenemos en la azotea instalaron su local de patrulla. Ahí mi hijo y sus compañeros hacen sus juntas y quién sabe cuántas cosas y ni quien les diga nada; sólo la vez que trajeron la piel de sepa Dios qué animalejo que encontraron atropellado en la carretera para dizque curtirla. La pusieron a hervir haciendo un apestadero en todo el edificio. Hasta vino la portera a darme unos golpetazos en la puerta del departamento para quejarse. Es la única vez que he interferido en sus actividades, y eso porque los obligué a llevársela lejos a tirarla, porque nunca les he reclamado cuando me saquean mi cocina cada vez que salen de campamento. Mi hijo me dice que es para que les salga más barato y no me pida tanto dinero. La verdad preferiría dárselo, sale más caro el caldo que las albóndigas; la última vez que salieron se llevaron toda la latería de las canastas que le regalaron a mi esposo en Navidad. Angulas, ostiones ahumados, aceitunas, hasta caviar. Que era para el concurso de cocina que iban a tener y en el que el Jefe de Tropa le iba a hacer de juez. Lo que más coraje me dio fue enterarme que todo eso lo prepararon con frijoles de caja y pan Bimbo, sustraídos también de mi despensa. Y luego se quejan de que los padres de familia no colaboramos con ustedes

 

 

 

 

 

JEFE DE CLAN

Y esto decia yo en el clan: Hoy no los voy a hacer hablar de escollos ni de rema tu propia canoa o Clan tu vida es servir. Es más, hoy ustedes ni van a hablar. Me toca a mí como jefe, en el sentido más autócrata del término, así que vayan bajando sus manitas para tomar la palabra. Cuando se me presentó la disyuntiva de aceptar el cargo de esta sección, pasé una larga semana cavilando sobre las implicaciones de tal responsabilidad. ¿Saben porqué acepté ser Jefe de Clan? No, no contesten: porque no lo saben y porque ya les dije que no los iba dejar hablar. Porque pensaba que de todas las opciones que existen de ser dirigente, ésta era la que menos conflictos me iba a acarrear. Vamos pues: donde más campechanamente la pasaría. Ni tenía que lidiar con señoras histéricas que llegan al Local a reclamarte que su hijito se mancha el uniforme durante las juntas de Manada y pobre de uno si descuida la dieta de su bodoque en campamento, ni ser una mezcla de McGyver y la Madre Teresa de Calcuta para andar soportando a una caterva de barbajanes y hormonas alebrestadas, que ni Dios Padre va a convencerme que sea otra cosa la Tropa. No, me dije, yo no estoy para esos apostolados. Mi carácter no está para misiones civilizadoras. Por eso me aventé como Jefe de Clan, porque creía que trataría con personas más centradas; que la chamba vendría de pechito: revisar planes de adelanto, autorizar proyectos y ver a quién mandaba de servicio al siguiente campamento de Gacelas. Sobre todo, esperaba haberme salvado del trato con los padres de familia; a lo más algo de public relations. ¿No hasta nos recomendaron con el dueño del Atzimba, mesa de pista y atención especial, cuando estábamos viendo la Roca Mujeres? Que compadre del papá y padrino de primera comunión del nuevo que la semana anterior había ingresado al Clan, que después quién sabe porqué ya nunca regresó, si salió muy bien esa actividad. Bueno, pero todo esto viene al cuento porque quién sabe qué dicen todos ustedes en sus casas, cállense, no me interesa saberlo, que tuve que poner mi cara de imbécil en la taquiza de Grupo, cuando se me acercó la mamá de uno de ustedes, bien seria y preocupada, a decirme si no estaré forzando demasiado a los muchachos: todos los fines de semana se la pasan fuera de casa en actividades de Clan. Que los viernes en la noche ya mejor su hijo se sale con todo y mochila, en la que por cierto nunca le ha visto que meta el uniforme scout, yo todavía explicándole a la señora que en el Clan no es obligatorio usarlo para todas las actividades, y no regresa sino hasta el domingo en la tarde. Según esto, cada semana alojo a diez tipos en mi casa. “No mamá, es que nos quedamos en casa del jefe”. Qué chingones, al menos inviten. Soy su jefe, no su alcahuete.

 

 

 

 

 

 

“ PARA UN VERDADERO SCOUT ”.

Los mejores momentos scouts son:

>.Hacer tu promesa

>- Cantar en una fogata.

>- Enamorarte en un campamento.

>- Portar con orgullo tu uniforme y por sobre todo tu pañoleta.

>- Hacer actividades bajo la lluvia.

>- Hacer amigos.

>- Poder ayudar a los demás estando siempre listos.

>- Comer del mismo plato y tomar del mismo vaso con tus demás amigos

>patrulleros.

>- Acostarse a ver las estrellas en una noche de campamento.

>- Pintarle bigotes a quien se duerme en el bus.

>- Contar historias en las noches de guardia.

>- Alcanzar al perro que robo tu comida ( sin que te muerda).

>- Hacer un buen trabajo y estar satisfecho.

>- Cantar entrelazados al final de un gran evento.

>- Calentarse en la fogata cuando hace mucho frío.

>- Escuchar el eco de nuestro lema: ¡SIEMPRE LISTOS!.

>- Reconocer la grandeza de Dios conviviendo con la naturaleza.

>- Sentir que no estas solo.

>- Llorar en una ceremonia.

>- Gritar junto con tu grupo /o tu patrulla

>- Compartir lo único que tienes.

>- Perderte en el bosque y saber que encontraras el camino.

>- Reírte de la burlas que te hagan en la calle por ser scout.

>- Pensar que llegaras a viejo y seguirás siendo un scouts.

>- Tener amigos de lugares muy distantes, y aunque sabes que quizás

>no los vuelvas a ver, los recuerdes con mucho cariño...